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Los hombres y su participación en el ciclo de la vida

I

En enero del 2025 conocí Cobá. Para llegar ahí, tomé un taxi colectivo desde la base (en Playa del Carmen), pero una señora ocupó primero el lugar de copiloto, a mí me tocó ocupar el asiento de atrás del conductor y así salimos, con únicamente dos pasajeras y eso me alegró. Sin embargo, en el camino subieron dos muchachos que no sólo venían en estado alcohólico, sino que además seguían consumiendo unas cervezas. Esto me incomodó, pero tampoco podía hacer nada, así que me mantuve atenta.

Los tipos continuaron una plática que ya tenían, a veces hablaban en español y a veces en maya yucateco. Con todo y que desgraciadamente me perdí una parte de la conversación por mi ignorancia en la lengua maya, hubo una parte que me llamó la atención. El hombre que estaba sentado junto a mí relataba que una mujer (asumo que no era su pareja) le había aconsejado que se diera cuenta de todo lo que habían hecho las mujeres por él.

Según el tono de su relato, no era un consejo del que se derivara una frase perdonavidas como “gracias a las mujeres eres lo que eres”; era más bien una sugerencia a que de verdad observara el papel que han fungido las mujeres a lo largo de su vida y las situaciones que él había disfrutado (o no) mediante las acciones que una mujer había ejecutado en su presencia y en su compañía.

Los dos hombres comentaron el consejo con todo respeto, de ellos no escuché (al menos no en español) un “está loca” o cosas por el estilo. Sin duda esto me sorprendió, me gustó saber que, por un lado, todavía hubiera mujeres dispuestas a dirigir sus opiniones sinceras (y de gran peso) hacia los hombres y, por otro, que todavía hubiera hombres que respetaran figuras femeninas; con todo lo que el respeto implica: el reconocimiento de una persona en su totalidad, en sus plenas facultades y con las potestades que le corresponden.

Cuando se acabaron sus cervezas, se quedaron profundamente dormidos. Yo, por mi parte, todo el camino hacia Cobá iba realmente impactada por lo que acababa de presenciar y escuchar.

Juego de pelota en Cobá (foto por la autora en enero de 2025)
Juego de pelota en Cobá (foto por la autora en enero de 2025)

 

II

Cuando era joven y aventurera, estaba en algún lugar de Chiapas y me topé con una publicación independiente cuya autora es Tonik Nibok, una narradora tsotsil. Se trataba del poema “Hechizo para matar al hombre infiel”. Recuerdo que mientras iba leyendo el poema, sentí un escalofrío que me recorrió la espalda hasta la nuca. Me quedé ahí releyéndolo quién sabe cuántas veces. Estas palabras de Tonik Nibok definitivamente me acompañaron durante todo ese viaje.  

 

Empieza:


"Que pague con su carne.

Y que no pase de mañana o pasado.

Que trece Diablos Mujer, que trece Diosas de la Muerte borren su nombre.

Que empiece un viento en su corazón que apague su vela.

[…]"

 

Recientemente, tuve ganas de volver a leerlo —tenemos la fortuna de que Yásnaya haya subido la versión en tsotsil junto con su traducción al español en este hilo—.

Después de su relectura, pensaba que las mujeres ya llevan un tiempo pensándose como género y, de una manera u otra —estemos de acuerdo o no con sus formas—, han llegado a ciertos entendimientos y a ciertos actos que se corresponden con esos entendimientos. Sin embargo, no sé mucho de la verdadera reflexión que han hecho los hombres pensándose como género y como seres individuales… De algún modo u otro, parece que los hombres se han deslindado de su participación en la vida. Parece que se han conformado con aquello que les dijeron que debían ser, con el modo en que les han dicho cómo actuar y cómo comportarse —y todavía algunos están habituados a ello, por eso el auge de la llamada manósfera—.

Si bien es cierto que, en general, nos enfrentamos a una crisis de promesas no cumplidas por todo un sistema, parece que el género masculino no ha podido encontrar el camino a la salida del laberinto de las edificaciones cimentadas en el aire.

           

III

El pasado 21 de junio, Día del Padre, me entraron muchas ganas de regalarle flores a mi papá. Pero sé que él creció y vive en un mundo donde las flores son regalos exclusivos para las mujeres. Bajo la incertidumbre de no saber cómo podría tomar un regalo así, fui al mercado de flores para buscar un arreglo floral lo suficientemente “masculino”, pero no encontré uno que me convenciera.

Me fastidia la visión que la cultura Occidental y occidentalizada tiene hacia las flores, porque sabemos que en otras culturas las flores también pueden simbolizar lo masculino. Algo que me fascinó cuando conocí Zinacantán fue que la vestimenta típica de los hombres sea el pok’k’u’ul tan lleno de flores y colores. La primera vez que vi un hombre zinacanteco recuerdo haber pensado que su porte era de una elegancia rebosante.

            En otros países, como en Japón, la flor de crisantemo simboliza a la familia imperial, de hecho, es la flor del sello imperial. En otras palabras, en la cultura japonesa ver un crisantemo evoca la imagen del emperador.

Aquel día, no me atreví a regalarle flores a mi papá, espero algún día atreverme.      

 

IV

Me gusta creer que un día los hombres van a reflexionarse no sólo como género sino que cada uno de ellos va a reflexionarse de manera individual. Cuando ellos decidan integrarse al ciclo de la vida con la firme convicción de no atentar contra ella —en ninguna de sus formas—, entonces el cambio que ha comenzado en el mundo ya pueda caminar parejo, en equilibrio.      

             

 
 
 

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